AFTERHOURS

Cierro el cuaderno. Llevo unas horas intentando escribir algo decente. Derrotado, opto por poner algo de música antes de irme a la cama. Acabo, como casi siempre, con la Velvet Underground.

Su primer disco, aquel de la portada de Andy Warhol y con la colaboración estelar de Nico, será siempre su disco más mítico, pero yo prefiero el homónimo de 1969. Aún sonando eléctricos sabían mostrar su parte más contenida. La elección perfecta para hacerme olvidar que nunca podré escribir nada, ni terminar nada, sea lo que sea.

Se abre con la quietud máxima de ‘Candy Says’, y se cierra con el himno total de la nocturnidad susurrada, ‘Afterhours’.

Lo bueno del disco es que parece que está hecho solo para nosotros, ya adormecidos. Nos lleva a un momento de abandono completo a uno mismo. Da igual todo, parece decirnos en cada momento, incluso a pesar que las letras vayan por otro camino, porque todo seguirá igual, sin cambiar, por mucho que hagamos nada.

Y así llegamos a un final frágil. Aislarse, para no saber nada de fuera, el deseo de cambio por arte de magia (someday, someone…) o la envidia al resto. Cerramos la puerta, para que la noche dure para siempre.

If you closet he door
the night could last forever
leave the sunshine out
and say hello to never

all the people are dancing
and they´re having such fun
I wish it could happen to me

but if you close the door
I´d never have to see the day again

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